Editorial: Por qué Leopoldo

Texto: Jesús Maldonado / Imagen: Archivo

Hay determinadas reglas o acepciones que nos dictan qué NO deberíamos hacer al momento de redactar algo similar a lo que estoy desandando; una de ellas, claramente, nos pide que no caigamos en la primera persona, por toda una serie de considerandos que hacen casi inconcebible que una persona cometa tamaña aberración, sin embargo, al momento de pensar un escrito, todos imaginamos un potencial público receptor de nuestras líneas, en mi caso, me puedo imaginar que te estoy hablando a vos, alguien parecido a mí, al de al lado, al de en frente, alguien como la inmensa mayoría, me permito pensar que llegaste hasta este Puente por algún incipiente interés en involucrarte, o quizás también estas indagando aquí, buscando nutrirte de información con la que salir a pelearle a esa calle de globos de colores; por eso me voy a permitir hablarte desobedeciendo preceptos, voy a hablarte de vos, de mí, de nosotros.

Si ya leíste los dos primeros números de la revista El Puente, tendrás una idea cabal de lo que este movimiento en constante expansión intenta plasmar, cuáles son nuestras banderas, nuestros ideales, es muy probable que seas uno de estos nuevos interpeladores de la acción política, tal como se definía acertadamente en una de las editoriales, pero por sobre todas las cosas, puedo imaginarme que estás buscando un espacio, tu espacio, un lugar en donde se hable de los proyectos y no de cuestiones meramente partidarias, entendiendo a la práctica política como el lugar en donde debatir las ideas, no el campo de batalla de partidos centenarios que se disputan la supremacía de uno por sobre el otro. Si es así, creo que hemos arribado al lugar exacto.

Para quienes estamos desde hace algún tiempo ya (en mi caso, tampoco mucho tiempo) nos hemos acostumbrado a sentarnos frente a una misma mesa codo a codo socialistas, peronistas, radicales y una larga lista de partidos y banderías que terminan todas en el olvido una vez que hablando nos damos cuenta de que todos queremos lo mismo, más allá de la definición partidaria que hayamos adoptado antes de sentarnos; hay un colectivo variopinto en donde, si es por dar una definición, nos identificamos levantando las banderas del campo nacional y popular. ¿Qué si tenemos disidencias? ¡Pero claro, amigo, cómo no! Pero de ellas logramos los mejores consensos, porque en definitiva siempre habrá un nexo conductor que hará que estas nunca terminen siendo antagónicas.

Si ya llegaste hasta aquí, me voy a permitir preguntarte ¿Cómo te sentís unido a nuestra propuesta? Y tratando de no pecar en falta de modestia, voy a responder como si fuese yo mismo el interrogado. Para aquellos que comparten mi cuestión generacional, con 40 y tantos abriles, la participación del pueblo en la política activa se vio recién masivamente con los gobiernos kirchneristas. Gracias al fortalecimiento de dos décadas de una democracia incipiente y tambaleante, había llegado por fin el momento de hablar de lo fundamental, de las ideas, de la concepción de un país posible, para nosotros, para nuestros hijos y para nuestros hermanos que habitan más allá de nuestras fronteras, retomando el mensaje de nuestros grandes pensadores, y es allí en ese contexto de debate de ideas, donde tibiamente volvía a aparecer para el gran público, la figura de un Leopoldo Moreau, que aun teniendo un innegable acervo radical, de hecho venía de ser el candidato por la UCR en el 2003, no tenía reparos en salir a defender políticas de Estado que levantaban los estandartes tantas veces pisoteados de la visión del campo popular y nacional.

Dueño de una dialéctica exquisita, y de una capacidad de análisis realmente asombrosa, su rostro se fue haciendo habitual para todos aquellos que por una raigambre partidaria ya veníamos suscriptos al FPV. Indudablemente, Leopoldo era “uno de los nuestros” y se plantaba cada vez con más firmeza, incluso varias veces mayor a la de algunos que en teoría estaban de “este lado”, frente a un poder mediático cada vez más concentrado y mentiroso, sin tener nada por ganar más allá de la defensa de sus propias convicciones (como si eso fuese poca cosa), demostrándolo día a día ante infames detractores, no ocupando cargo alguno durante los 12 años del kirchnerismo.

Leopoldo representa el epítome de la nueva política, una práctica política basada en las ideas y no en los colores partidarios, pero también, y fundamentalmente, Leopoldo es un puente que une la sociedad con sus referentes, así ante un simple mensaje ha llegado la devolución, con esa innegable y grata sensación de contacto, de proximidad, de que no son personas de otro mundo, son uno más de nosotros, aquellos que hemos vencido nuestras timideces y preconceptos hemos hallado una persona que a sus destacados atributos políticos le suma cualidades humanas como la de “cualquier hijo de vecino”.

Probablemente te sientas identificado o no con esta experiencia, pero si sos uno como yo mismo era antes, una persona que creía que TODOS los políticos pertenecían a algo intocable, inalcanzable, te invito dar vuelta la hoja, a que te sumes, vas a ver que esto se hace entre todos- Disfrutá de tantísimas personas que te van a dejar una nueva visión de muchos aspectos de la actualidad, personas de las cuales siempre será grato aprender, ayudanos con tus vivencias y conocimientos a tener una visión aun más abarcadora; vení a sumarte en la manera que lo consideres adecuado, porque no creas que esto lo resuelven el de al lado, los otros… Tenemos todos una responsabilidad indelegable de parar esta locura y, modestamente, creo que Leopoldo, es seguramente de los mejores arietes que tenemos para dar pelea. Así lo han entendido Cristina y todos los que conforman el frente Unidad Ciudadana, concediéndole un lugar de privilegio en la lista de precandidatos a diputados, porque ésa es también una forma de reafirmar lo que venimos sosteniendo de Leopoldo Moreau, estar junto a los que piensan parecido, sumando fuerzas más allá de las banderías políticas.